Quien dijo que el recuerdo
deja cicatriz
nunca había olvidado a conciencia.

Lo imborrable no son las huellas,
sino el mirar atrás.

Tan sencillo a veces
como calzarse una camisa blanca
mangas anchas cayendo lado a lado
de la cintura
ocultando cicatrices
que sólo los ojos propios ven;
y dibujar en las paredes
imágenes del porvenir que un día fue
siempre mejor
desteñido por esos dos mares
que no encuentran más faro que tiempo atrás.

Qué demonio la memoria.
qué artimañas más mundanas;
qué soberbio el enterrar
los recuerdos de una vida
entre las cenizas de la rutina,
una el cadáver de la otra,
el tiempo el verdugo de ambas.

Si es que se puede aniquilar
lo que ya ha muerto.
Si es que es posible devastar
lo inexistente.

Quien dijo que el recuerdo
deja cicatriz
era consciente de las muchas veces
que uno puede perecer
en el mismo instante.

Cientos de veces moriría yo
en idéntico escenario;
cada vez más fútil el momento,
más insignificante el detalle,
más inclemente el olvido.

Quien dijo que el recuerdo
deja cicatriz
no sabía que el instante
termina por perecer también.



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