¿Cómo empezar a escribir algo que no sabes a ciencia cierta cómo decir? Si algo bueno tiene el lenguaje hablado es la fluidez con la que expresas todo tipo de pensamientos. Sin pensar. Sin meditarlos. Tal y como se te pasan por la cabeza. Sin tapujos. Sin filtros.

Escribir sobre el pensamiento es otra historia muy diferente. Es como buscar la red que enlaza todos los acontecimientos en lugar de dejarlos escapar uno a uno, inconexos. Es como poner nombre a todas esas cosas abstractas que tienes en la cabeza y no sabes qué son. Como buscar una definición a todo. Y realmente... ¿todo lo tiene? ¿Todo se puede encajar al milímetro en definiciones? ¿No hay cosas, literalmente, indescriptibles? ¿que no se pueden transcribir en palabras?

Nunca sé qué decir porque no tengo palabras suficientes para decirlo. No tengo forma de escribirlo con precisión, de describir al milímetro lo que es, porque ni yo lo sé. Quizás, en efecto, mi cerebro intuya inconscientemente lo que ocurre, pero no tiene una forma de compartirlo con mi parte consciente, con la parte que define las cosas. Esa parte que dice “esto es amistad y esto amor”, “esto es bueno para ti, y esto malo”; “esto es lo correcto, y esto es lo que está mal”.

Hoy no queda más remedio que empezar a nombrar todo por lo que parece ser, olvidándose por un momento de que quizás no todo sea lo que deja ver de sí mismo. Pero si no podemos saber con total certeza lo que algo es, mejor conformarse con definir (o intentarlo) lo que parece, que con dejarlo vagar a su aire sin una respuesta, sin nada en claro, como una mera idea difusa que no sirve para nada más que para confundirnos. 

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