Cuando seamos el recuerdo de un recuerdo.

Un soplo que fue brisa, que fue un viento que cambió el eje de giro de nuestras vidas. El ir y venir de manecillas de un reloj que no nos da más que las horas en las que todo terminó, en las que nada empezó nunca. Seremos calles que susurran sobre la memoria de nuestra memoria, sobre los caminos que recorrimos, pero sólo en nuestros corazones. ¿O es que alguna vez te permitiste pensarnos, Ayrton? Hasta vernos en tu mente te aterrorizaba.

Hay noches en las que pienso en que hicimos bien en no retratar la magnitud de nuestros pensamientos sobre el pobre lienzo que es la realidad. Así estábamos mejor, ¿verdad? Éramos inmensos, como no podríamos haber sido de otra forma. Inabarcables, como atrapar humo entre los dientes, como saborear el mismo vacío. Éramos lo que queríamos querer ser, lo que nunca fuimos, lo que hubiésemos sido. ¿Qué quedaría de nosotros de habernos dejado de pensar de ese modo y habernos vuelto en realidad? ¿En conceptos, en canciones, definiciones? No cabíamos. Hasta me cuesta escribirnos. Éramos inmensos, Ayrton.

"No te vayas. No así. 
No me voy, Eris. Nunca me voy. No del todo." 

       Y así siguió en lo único que ahora me queda, el pensar en que no volveremos a estar tan vivos como en aquel recuerdo de un recuerdo.

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