La mirada de Eris parecía hundirse en el dibujo de la pared. Aquella vez se encontraba sentada en el suelo, contemplando con ojos vacíos la imagen de una mujer tendida en el suelo, con el pelo rubio desparramado sobre la madera y los brazos colocados en una posición antinatural para alguien que duerme.
—¿Qué la mató? —interrogó la chica, sin girarse, al escuchar los pasos de Jonah aproximándose hacia ella.
—Su aire —respondió, acuclillándose para terminar por sentarse junto a Eris—. Se ahogó con su propio oxígeno.

Eris le dirigió una mirada incrédula, mezclada con tintes escépticos.
—Eso es técnicamente imposible —contestó la voz racional de su interior—. Nadie se ahoga con lo que le mantiene con vida.

Jonah se permitió sonreír para sus adentros, como todas aquellas veces en que su amiga se veía de pronto sustituida por aquel ente que sólo hablaba con la razón de quien no había experimentado emociones lo suficientemente intensas como para saber que son capaces de nublar todo juicio racional.

—Todo es veneno, nada es veneno —intervino de nuevo, deteniendo sus pupilas en el gesto calmado de la mujer, en sus labios sosegados, apacibles; en su frente lisa y sus ojos cerrados—. ¿Nunca has escuchado que la dosis es lo crucial?

Ella se permitió sonreír en un deje melancólico, y Jonah pudo jurar que logró llegar a ver los fantasmas de su pasado en los ojos de su amiga. Se detuvo unos segundos a pensar si ellos dos habían sido veneno el uno para el otro; si, como aquella mujer, habían respirado tanto de sus respectivos oxígenos que se les habían hecho inevitablemente opacos al amor, transparentes a todas sus dudas.

Pronto se dio cuenta de que no había opacidad entre ellos, de que mirando a Eris podía fácilmente adivinar qué estaba pasando por su cabeza. Las transparencias eran lo que los había terminado por destruir, lo que les había hecho darse cuenta de que sólo encajaban a la perfección como amigos. Ella era de explosiones, de enamorarse en una colisión fortuita que la hiciera cambiar de dirección de forma natural y espontánea. Y por todos es sabido que no hay choque posible entre líneas paralelas. 

Etiquetas: