Volver a verle supuso para Eris una punzada de recuerdos. Uno a uno, todos ellos iban regresando lentamente a su cabeza, con el golpeteo de su corazón. Rítmicos. Como el tictac de un reloj, como el sonido de las gotas de lluvia al chocar contra el cristal, como el de las lágrimas al resbalar por sus mejillas. Silencio y estrépito amalgamados en una sola sensación.

Ella era la sorpresa y no la sorprendida, pero durante los primeros segundos le supuso un gran esfuerzo reunir la fuerza suficiente para llenar sus pulmones de aire. Respiró hasta casi atragantarse con el oxígeno, del mismo modo que meses atrás se había colmado de aquello que le daba la vida. No sólo fue el aire, sino que los segundos también se atascaron, como granos de un reloj de arena que se negaban a circular por donde les correspondía.

Dejó escapar todo el aire de una sola vez, y con él regresó la normalidad del tiempo, acompañada de todo el ruido que les rodeaba y del que, hasta entonces, no se había percatado. Las palabras que nunca habían dicho las divulgaba el viento; y aunque ambos les hiciesen oídos sordos, el resto del mundo contenía el aliento y escuchaba la canción.

El rostro de Ayrton permaneció inexpresivo durante unos instantes, mientras él trataba de discernir la realidad de lo que sus ojos contemplaban, de lo que su cerebro se había puesto inmediatamente a considerar. La historia con la que se había mentido se había hecho trizas con sólo una respiración, y no tenía apenas tiempo de recomponer los fragmentos en algo coherente. Balbuceó un saludo, apenas un eco, mientras sus pies le empujaban hacia atrás como un resorte: Un paso, dos; tratando de defenderse con un escudo de distancia, cuando tan de pronto había quedado reducida a esos pocos centímetros, que en nada se comparaban a la muralla que días antes los había separado.

Con la boca seca, apenas tuvo tiempo para articular en un susurro:
—Habías dicho que no vendrías.

Fue la primera sonrisa que apareció en las facciones de Eris. Bailó en sus labios durante unos segundos, ella procurando disfrutar de aquella pequeña victoria, de esa única batalla vencida en los últimos meses:
—Mentí. 

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