Nuestros pulmones respiran niebla.

Hoy me prometo traer el sol a la tierra, y que nos diga qué caminos recorremos. Cuáles evitamos. No me importa si cielo o infierno, sólo quiero saber si el suelo que piso me sostiene o me retiene. Me empuja o me atrapa. Me salva o me condena.

¿Y a quién le importa si bebemos del fuego, si ardemos en la lluvia? ¿A quién le importa si dos dicen ser uno, si parece que en uno hay más de mil? ¿Quién nos hablará de los segundos que atrapan cientos de imágenes; y de las miles de horas que parecen no decirnos nada? De las veces que estás aquí y no te veo, de las despedidas que murmuran sobre ti. ¿Quién cuestionará que olvidemos las tónicas y terminemos nuestra canción en acordes que se quiebran al cantar?

¿Y qué me dices del aire, si no necesito tu oxígeno? ¿Quién me obligará a respirar?

Que envenenen sus labios los que me llaman demente, que aseguren que no hay ángel que se cuele en el infierno sólo porque anhele sentir las llamas. ¿Y qué, si quiero arder hasta hacerme cenizas, si quiero arder hasta consumir tus recuerdos?

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