Reconstruirte sólo cuando todos tus trozos me pertenezcan.

Sé que tu forma de luchar por mí es inhibirte. Porque tú no luchas por , sino por mí. Sólo los que lo han hecho lo entenderán, y por eso creo que es la única forma de describirlo.

Hoy es el día en el que me despido, sin posibilidad de dar marcha atrás. Este es el momento que llevaba esperando un tiempo; el momento en que no queda más remedio que alzar la bandera blanca, agachar la cabeza y decir “hasta aquí hemos llegado”.

Esta es la última vez que me escribes. Lo sé. Pero no es la última vez que me pensarás. Aunque yo sólo deje que pienses en mí. En el fondo sabemos que es lo mismo.

No voy a ser la que reúna sus trozos rotos más, cuando la mayor parte de los golpes no han sido llevados a cabo por mí. Mis cosas son mías. Mis personas no existen. Sólo están las personas a las que quiero.

Con demasiada intensidad. Ese ha sido siempre tu problema. Te importa demasiado; te parece irrelevante. Y no se le puede pedir a alguien que no sabe de medias tintas que haga equilibrios. Que estés ahí, pero no demasiado cerca; que recuerdes, pero no tanto como para que duela; que te importe, pero lo justo y necesario.

Regalarle mi parte. Eso haré. No quiero partes que se dejan coger. No quiero personas que se mientan, que me mientan. Aunque sea por conservarme. Yo soy mía. Yo elijo las mentiras que me quiero contar, las que me quiero creer. Esta no es una de ellas. No me la cuentes; no me la creo.

Dicen que cuando quieres a alguien haces muchas estupideces. Es de suponer que dejar de quererle es la primera acción no estúpida de la lista.

O la última estupidez que haces.

Sólo queda esperar que las cicatrices que me has dejado tú, las borrará otra piel. 

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