Hoy es el día en que tu casa es tu casa y tu hogar sólo una fachada. Una forma de hablar. Un sueño. Una palabra que no significa nada. Hay quien dice que el hogar permanece donde está el corazón, pero hace ya mucho tiempo que has dejado de sentir al tuyo de una forma sana. Cada latido es un impulso más para esa sangre que empuja a tu cuerpo a querer vivir, a querer sentir algo más que toda esa tristeza que te empapa entera.  

Para ti, el mundo ha dejado de ser un lugar en el que querer vivir para convertirse en una cárcel de la que es imposible salir; porque fuera hay aún más vacío del que encuentras dentro. No hay respuestas. No hay consuelo. No hay nada.

Hace tiempo que has dejado de sentir tu piel como tuya, y lo único que supone ahora es un muro que te separa de lo que no quieres ver fuera. Cada contacto es un rasguño más. Una futura grieta. Sé que quieres que tu piel sea tu piel y que tu corazón lata de una forma que no duela, de una forma que no resuene en cada rincón de tu cabeza y te susurre al oído los latidos que ya has consumido y los que todavía te quedan por vivir. 

Y ya lo sabes, que es como querer que haya tormenta con el cielo azul. 

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