Cuando Aliza regresó ya nadie estaba esperándola. Volvió a su hogar en el momento en que todos dejaron de tener esperanza y se conformaron con la fe. Con aquello que crees sin tener evidencias. Con lo que parece más probable, con lo que debería ser, con lo que sería justo, loable, normal, adecuado. 

En su rostro de porcelana se percibían claros resquicios de horas de malos sueños y pesadillas de las que nunca se había despertado. Se internó en la fortaleza cuando todos aún estaban durmiendo; cuando su llegada podía ser tan sigilosa como la de la misma muerte. 

Sin embargo, había una única persona en todo el edificio que no tenía fe en ella; ni esperanza. Caden, contra todo pronóstico, esperaba en la entrada para no verla llegar jamás. 

— El mundo está hecho cenizas y tú sobrevives tras ir directa al foco del incendio —murmuró el chico, incorporándose en el momento en que ella apareció en su campo de visión-. Impresionante.
— ¿Creías que no lo conseguiría? inquirió ella, con las cejas alzadas formando un amplio arco encima de sus ojos, que miraban a Cade, retadores, desde aquel gris mortecino de su iris—. Qué poca fe.
— La fe es para los que creen en dioses —declaró—. Aquí sólo está lo que tienes y lo que has perdido. 
— ¿No crees que se pueda ganar, Sewards? 

Él sonrió. 
— Creo que puedes creer que has ganado. 

Ese fue el momento en que se dieron cuenta de que eran demasiado para el otro. De que no cabían en el mismo frasco. De que eran como dos conjuntos de piezas blancas queriendo jugar al ajedrez al mismo tiempo, queriendo llevar a cabo la primera jugada antes que el oponente. Conocían las piezas del otro tan bien como las suyas propias, o incluso mejor. Sabían los movimientos que llevaría a cabo en la siguiente jugada. Las tretas con las que intentaban confundir al rival. Las artimañas. Todo iba bien hasta que el juego se volvió demasiado real. Hasta que las piezas dejaron de ser simbólicas y empezaron a convertirse en cosas que de verdad importaban. Hasta que los dos se olvidaron de cuáles eran suyas y cuáles eran del otro. A veces incluso luchaban contra algo que les pertenecía. Algo suyo. Algo que tenían dentro y que procedía realmente del otro. Algo de lo que debían librarse... Quisieran o no. 

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