Hoy quiero ser tú. Despertarme dándole una patada a la noche y gritarle al mundo "ey, no te librarás tan fácilmente de mí". Quiero que ayer, hoy y mañana sean todos "ahora". Hacer eso que tan bien haces tú para conseguir que el mundo se calle y escuche el sonido del tiempo al pasar. Siempre has dicho que, si te fijas, los segundos suenan tan fuerte como sonaría para una hormiga una gota de agua al chocar contra el suelo, pero que nuestros propios pensamientos nos dejan sordos y nos impiden escuchar todo lo que proviene de fuera. Y así, gota a gota, terminamos por percatarnos de la cascada de agua que son los años y darnos cuenta de que una gota puede significar que todo se desborde.

Tienes que enseñarme cómo consigues robarle un rayo al sol cada día para mantener esa sonrisa que tan barata parece salirte y tan cara le cuesta a los demás. Un día de estos me gustaría ir contigo a visitar esa fábrica de excusas en la que tienes trabajando duramente a la mitad más una de tus neuronas y preguntarles si podrían hacer una bonita para mí. Quiero hacer de la mentira una obra de arte, como haces tú. Quiero que mis mentiras no sean mentiras, sino historias, historias que importen más que la realidad.

Porque al fin y al cabo, eso es lo que me has enseñado. Que la realidad no vale nada. Siempre dices que la belleza del mundo no se mira, se siente; que todo iría mejor si naciéramos ciegos y tuviéramos una vida entera para imaginar cómo se ve la realidad. Morirnos con un último vistazo al mundo. Que esa sería una luz mucho mejor que un cielo gobernado por un Dios que no sabemos si existe.

Dices que la humanidad no progresa, que lo humano es buscar lo indescifrable, no encontrarlo; que cada vez que damos un paso más hacia la verdad, estamos dando en realidad un paso hacia la indiferencia del conocimiento absoluto. Que la objetividad es más difícil de encontrar que un lago en un desierto, y que si no existe es porque lo humano es ser subjetivo.

Cada día que pasa desde que ya no estás siento que el mundo se vuelve más y más cuadriculado. Ya no queda nada de la emoción de averiguar qué hay más allá, porque un cuadradado no tiene más que cuatro lados y todos son iguales. Se me ha olvidado cómo cerrar los ojos y pensar en una realidad diferente, y quizás por eso en un momento como este desearía poder ser tú tan bien como tú lo eras.

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