Casi parece que ella es parte de aquel entorno en el que tantas veces ha estado. Casi parece que todo aquel entramado de baldosas, arbustos y callejuelas sin salida la conocen a ella tan bien como sucede al contrario.
Sabe a la perfección que no debería estar allí, que ya no es su lugar, que esa época ha pasado, pero no encuentra nada más a lo que aferrarse como se había aferrado a aquello durante tantos años, y, hasta que no consiga dar con ello, no se permitirá dejarlo marchar de una vez por todas.

Nadie que la mirase vería en ella una persona especial o fuera de lo común. 

Es de esas personas que tienen los pies en la tierra pero que, secretamente, desean tocar el cielo con los dedos. Y, cuando nadie le ve, salta. Salta con todas sus fuerzas una y otra vez, independientemente de los resultados que puedan obtener.
La han magullado, la han herido y la han decepcionado tantas veces que ya ni siquiera lleva la cuenta. Lo peor es que, en realidad, empieza a pensar que ya no le importa. Que todo lo que le sucede lo hace porque tiene que suceder así y porque no hay más remedio. Se han esfumado sus ganas de luchar, de rebelarse contra el mundo y sus injusticias. Es como un recipiente lleno de cosas inútiles de las que no quiere desprenderse. Recuerdos a medias, sueños despedazados, personas olvidadas y corazones rotos. Los guarda como si tuviera la absurda esperanza de que algún día pueda arreglarlos.

Ella cree ser mala persona. Ella sabe que es mala persona. Y finge que no le importa. Es fácil hacer eso, fingir ser insensible y caminar por la vida como si nada le hiciera daño. Ah, pero duele. Claro que duele, a ella a la que más. Se siente como caminando por un campo de minas descalza. No, como corriendo. Como una suicida empedernida. Como si no le importara morir en cualquier instante.
Pero le importa, claro que le importa. No quiere morir. Quiere vivir, y quiere vivir como hay que hacerlo.

El único problema es que no sabe cómo. Nadie ha tenido el detalle de explicárselo. Quizás porque esas cosas no requieren explicación alguna. Tal vez porque todo eso se da por hecho. Pero ella no sabe. Como alguien le dijo una vez, “no sabe ser feliz”.

Aprende todo tan rápido que le cuesta comprender por qué esa estupidez se le escapa. Por qué no sabe ser espontánea, natural o desenvuelta. Camina con la Racionalidad de la mano y jura que a veces la siente como su peor enemiga. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, es su mejor amiga. Le proporciona explicaciones para cualquier cosa que se pregunte y consigue iluminar cualquier incógnita que el resto del mundo trataría de descifrar a la luz de una vela.

Ella no tiene velas, no tiene claridad a medias. Sólo conoce la luz o la oscuridad, y no sabe cómo llegar a ese medio camino que recorre la gente con velas. Le gustaría tener una, y poder apagarla cuando quiere hacerse la tonta o encenderla para iluminar cuidadosamente lo que le gustaría saber.
Ah, le encanta hacerse la tonta; pese a que en realidad, ella es la única que desconoce que no sabe fingir.

Es más auténtica de lo que ella piensa pero mucho menos de lo que le hace creer a los demás. Quizás la Racionalidad camine a su lado, pero la Sinceridad también la sigue muy de cerca. Ella es su compañera de aventuras. La Sinceridad se acerca a ella porque nadie más sabe utilizarla de la forma en que ella lo hace, porque ella siempre quiso mentir, pero a Mentira se le da mejor. No sabe de nadie que sepa mentir con Sinceridad tan bien como hace ella. Incluso engañar. Embaucar. Es la única capaz de instalar a Sinceridad en su sonrisa y que de su boca no salgan más que mentiras. Ah, pero es que estaba Racionalidad por ahí escondida.

Eso lo explica todo.

Aunque se empeñe en parecer una mujer hecha y derecha, todavía no ha dejado de ser una niña, a veces asustada y escurridiza. No le gusta crecer, ni le gusta hacerse mayor. Se aferra a todas cosas inútiles que conserva desde su infancia y busca alguna forma de que éstas le permitan permanecer ahí para siempre. Como si la fueran a ocultar del sol que sale cada mañana y que, para su desgracia, la obliga a vivir un día más. 

Etiquetas: ,