El fin de su mundo le parece un buen momento para plantearse cuántos suspiros le quedaran al planeta. Quizás ya esté en su último aliento y nadie lo sepa. Tal vez el amor, la amistad o la confianza son los últimos resquicios de un mundo que está cansado de respirar en beneficio del ser humano y sus caprichos.
 
Un paso más allá. Y después otro, y otro más. Y paso a paso termina al borde del acantilado. No puede evitar pensar, en esas circunstancias, que el mundo tiene demasiadas cosas buenas que ofrecer para una especie que no sabe aprovecharlas como se merecen.


Qué cosas. Un amanecer diario en el que nadie repara hasta que hasta que llega el anochecer. Todo el mundo se pasa el día preocupándose por cosas sin importancia y no se da cuenta de que no importan hasta que importan demasiado.

Ella quiere vivir en un mundo en el que las cosas importantes importen de verdad. En el que soñar no sea un suicidio y estar vivo signifique algo más que respirar. Quiere un mundo en el que la vida no sea blanca o negra y la elección de uno de sus aspectos no tenga por qué significar que se renuncie para siempre a su contrario.
Quiere un mundo en el que la gente comprenda que puede nevar y hacer sol al mismo tiempo. Un mundo en el que todos entiendan que saludar también significa despedirse; en el que alguien repare en que el cielo puede ser de más de un color, en que en el planeta puede ser de noche y de día a la vez.

Un mundo en el que todos se den cuenta de que nacer y morir no son sino las dos caras de la misma moneda.

Maldita sea. Quiere un mundo en el que la gente vea normal llorar de felicidad o reírse estando triste. Quiere un mundo en el que los errores se aplaudan y las victorias se abucheen. Un mundo en el que no se valore quién es el que más respuestas proporciona, sino quién es el que plantea más preguntas.

Un mundo en el que el presente no sea un reciente pasado o un futuro en potencia. Qué narices. Quiere un mundo en el que no haya pasado, ni futuro. Un mundo en el que todos vayamos con los ojos vendados y nadie sepa qué va a suceder a continuación. Y si te lanzas, lo has hecho.
Un mundo donde no haya tiempo para arrepentirse porque simplemente no habrá tiempo. Qué molesto se le antoja el tiempo en ese instante. No entiende por qué le han puesto un nombre a esa sucesión de momentos, uno detrás de otro. Para ella no existe. Sólo está el ahora, sólo está el segundo en el que vive.

Aiyanne siempre ha querido lanzarse al vacío y ver qué ocurre. Quiere que se le encoja el corazón al ver pasar toda su vida delante de sus ojos. Eso le han dicho, que verá su vida pasar. Y ella quiere tener suficientes segundos como para contemplarla como se merece.

Dicen que lo único sobre lo que el hombre no puede decidir es su muerte. Pero a ella siempre le ha gustado llevarle la contraria al mundo. No le gusta el tiempo, ni le gusta negar el verbo poder.  

Además, ¿quién dice que no le está haciendo un favor a la muerte? Nunca ha entendido por qué todo el mundo la tiene tan mal considerada. Ella tiene curiosidad por verla de cerca. ¿Será tan horrible como todos aseguran?

Otro paso.

Se pregunta cuántos segundos tendrá antes de marcharse para siempre y si serán suficientes para ver su vida entera con todo detalle; y, antes de lanzarse al vacío, decide reservar un recuerdo para marcharse con él al final.

“ — Es que yo no quiero un mundo blanco o negro.
  — Lo ves así porque sólo te estás fijando en el principio y el final, en un extremo y otro. Entre el blanco y el negro hay un interminable abanico de grises. 

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