Lo realmente especial de los sitios son las luces. Lo que de verdad me hace enamorarme de una ciudad es la luz de su atardecer, la claridad del amanecer o la oscuridad de las noches.
Hay luces nostálgicas, luces por las que recorrerías millas y millas en la noche para volver a casa.
Luces tristes, cielo que te contagian su mal humor con un gris apagado.


Luces alegres, un sol que te sonríe y acaricia tu cuerpo con sus cálidos rayos. Luces de colores, que te dan ganas de hacer que el cielo baje a tus pies para caminar sobre el arcoiris.


Luces rojizas, luces azules, nubes, rayos y tormentas. Hay tantas cosas que pueden suceder en un mismo sitio que, a veces, da la sensación de que todo lo que pasa nunca va a volver a ocurrir.

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