A veces el orgullo es un férreo enemigo del hombre. Le ha ganado la batalla incluso al miedo, considerado temible adversario por un gran número de personas... Pero el miedo simplemente da miedo. Se supera. Se vence, se le patea el culo. Se le canta las cuarenta y sale huyendo como miedo que es. Se le llama cobarde, se le amenaza; y él se esconde para no volver en un tiempo.

El orgullo no. El orgullo te convence, te seduce y te obliga de una forma mucho más sutil a no hacer lo que desearías hacer. El miedo es irracional. El orgullo te da razones y tú te las crees. Te crees su cara de embustero porque va de la mano con la mentira. Y la peor mentira de todas, la que te cuentas a ti mismo; la que te quieres creer, la que le encuentra las soluciones a tus peores problemas. La mentira fácil

Lo peor es la gente que aún cree que el miedo es enemigo. El miedo, señores, es aliado. Alíate con el miedo y ni el orgullo y la mentira juntos podrán vencerte. Un miedo superado calla de golpe las mejores razones del orgullo. Porque el orgullo esquiva el miedo. No quiere ni verle. Y como al miedo es fácil espantarle, en vez de intentar vencerlo lo rehúye, lo acobarda. 

Y yo pregunto, ¿el cobarde es el que no quiere huir o el que quiere que huyan? 

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