Cerrando los ojos casi por instinto, sin cortar el beso, la apoya contra la pared, no con excesiva fuerza, pero tampoco con la suavidad que le caracterizaría de estar pensando lo que hace.
Porque, efectivamente, no se ha detenido a reflexionar sobre su comportamiento. Se hubierda dado auténtico asco.
Él es su mejor amigo. Debería estar ahí para las ocasiones en que ella necesite un hombro en el que llorar. Para las noches de juerga, las borracheras y las fiestas. Para darle un abrazo si no está en uno de sus mejores días. Para sacarle una sonrisa en una mala noche, para recordarle día a día que es especial y plantarle cara a cualquiera que afirme lo contrario. Incluso para un inocente beso entre amigos.

Pero no para eso.

No debería querer lo que quiere de ella. Está mal. Él no es así.
Él es el mejor amigo. No es un capullo sin corazón, no es un "si te he visto no me acuerdo".
Así que, haciendo caso omiso de sus instintos primarios, que le gritan al oído que no se detenga ahora que lo ha conseguido, se aparta de ella.
- ¡No puedo hacer esto, joder! -exclama, extrañando su piel en el mismo momento en que se aleja de ella.

Mierda, mierda, mierda.

Es demasiado duro. Demasiado difícil. Le cuesta horrores permanecer así, lejos de ella, a pesar de saber a la perfección que es lo que debe hacer. Porque él no es el malo de la película. Él es el chico bueno, ¿no? El que al final, se queda sin la chica mientras la ve marcharse con otro.

Puede soportarlo. ¿Puede? No. No puede.

Apenas segundos después de haber conseguido apartarse, sus labios vuelven a reclamar los de ella de nuevo.
No piensa en las consecuencias. Sólo es consciente de que necesita seguir adelante o pasar página de una vez. Y es ella la única capaz de aclarárselo.

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