Dudaba. Parecía tener miedo de abrirse demasiado. Como si le hubieran hecho daño en alguna otra ocasión. Posiblemente en más de una.
Apagó el cigarro, pisándolo con el pie.
 ¿Qué debería ocurrir? inquirió, pensativo. Siempre ocurre algo, si no, no estaríamos aquí, o seríamos como animales. Cada persona tiene una historia, y no creo que estés segura de querer saber la mía.
— ¿Qué tiene eso que ver? pregunté, sin entender adónde quería llegar a parar. ¿Qué importaba ahora su historia? ¿Tenía algo que ver lo que había hecho en el pasado con lo que estaba haciendo ahora? ¿Hasta qué punto importa lo que hacemos cuando somos niños? ¿Nos condiciona para siempre o es simplemente una etapa más?—. Claro que quiero saberla. Por eso estoy aquí, ¿no? Tú sabes mi historia. ¿Por qué no voy a poder yo saber la tuya?
 Porque hay algunas que no tienen final feliz, ¿sabes? En la vida no es todo un cuento de hadas. No siempre acaba bien, ¿de acuerdo? Parecía querer convencerse a sí mismo de que no debía contarme nada, dijese yo lo que dijese.
 Yo estoy segura de que los protagonistas de los cuentos de hadas no piensan que están viviendo uno. ¿Cómo lo sabes antes de que acabe? ¿Se supone que tu historia ya tiene un final invariable? repliqué, apoyando los brazos en la barandilla, más tranquila ahora que parecía más dispuesto a hablar con calma- Todavía puedes acabarla, a menos que te obceques con anclarte en el pasado…

Estudié su expresión tras mis palabras, y por lo que pude observar, algo en ellas le hizo reaccionar. Y por un momento, le vi diferente. Le vi casi frágil. Indefenso. Como si hubiera vuelto años atrás, a cuando era un niño. Era ese tipo de expresión de un crío asustado cuando ve a sus padres marcharse, o cuando se queda solo en una habitación a oscuras. Sólo durante esa fracción de segundo me pregunté qué estaría detrás de tanta arrogancia, de tanto misterio.
Y esperé, hasta que por fin surgieron palabras de sus labios, sellados hasta el momento.
 ¿Tienes hermanos pequeños? me preguntó, girando el rostro para que sus ojos se encontraran con los míos, por primera vez desde que había llegado. Ante mi negativa, prosiguió: Entonces no reconoces esa sensación. No sé cómo explicártela. Sólo sé que yo tenía una y le fallé.

Tenía. Pasado. ¿Quiere decir eso que ya no la tiene…? Traté de eliminar de mis ojos cualquier resquicio de compasión que pudiera quedar reflejado en ellos, porque sabía que odiaba que se compadecieran de él. Tragué saliva y asentí despacio con la cabeza, dándole a entender que podía seguir.
— Cuando yo tenía ocho años vi a unos críos que la estaban molestando. Ella no les había hecho nada, ¿sabes? Era una niña tímida, nunca habría hecho nada que molestase a alguien. Pero lo único que hice entonces fue pasar, ni siquiera me detuve a ayudarla. ¿Para qué, no? Una niña de cinco años se podía arreglar perfectamente sola Antes de que me diera tiempo a replicar nada, volvió a girarse para evitar mi mirada, y prosiguió—. Sé lo que estás pensando. Vaya gilipollez, ¿no? Pero desde entonces se acostumbró a no contar conmigo. Y quizá hizo bien. Tal vez deberías seguir su ejemplo. No soy alguien con quien se pueda contar. A veces sí, a veces no. Pero no siempre.

De nuevo, iba a replicar. Me había demostrado miles de veces que sí se podía contar con él. Quizá no demostraba las cosas de la mejor manera posible. Tal vez dijera lo que pensaba demasiadas veces. Quizá no fuera muy cariñoso. Pero lo que tenía claro era que se podía contar con él, incluso pidiendo ayuda en silencio. Tampoco era muy perspicaz, pero, ¿cómo va a ayudarte alguien si no sabe que necesitas ayuda?
— Varios años más tarde yo estaba… Bueno, ocupado, ya me entiendes. Mi madre había muerto hacía un año y mi padre no estaba en casa. Mi hermana quería… -prosiguió, concentrado, frunciendo el ceño y dirigiendo la mirada hacia el suelo, como si le doliera el hecho de tener que sólo pensar en ello—. No sé ni lo que quería. El caso es que se fue ella sola de casa. No me enteré hasta horas después, y cuando lo hice fue tarde. No la encontramos. No sé si está muerta. No sé si sigue por ahí. No tengo ni idea de nada, ¿sabes? Pero lo que tengo claro es que fue por mi culpa.

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