A veces pensamos que son los éxitos los que definen a una persona y la hacen ser quién es. Que son sus metas, sus sueños, sus ambiciones, lo que nos permite conocerlas.
Pero, desgraciadamente, no es así. Lo que de veras nos hace juzgar a una persona son sus FALLOS, sus ERRORES y sus DEFECTOS, todo aquello que hace mal.

En la balanza de nuestro criterio, siempre pesa más lo malo, siempre se tienen en cuenta los fallos y los errores, más que las victorias y las cosas que se hacen acertadamente.

Y cuando tienes uno de esos errores, gigantes para los demás, te caes. Te puedes caer una y otra vez con el mismo error, porque no aprendemos aunque queramos.
Y es que poca gente te ayuda a levantarte cuando te caes. La mayoría siguen su camino, sin preguntarse si falta alguien.
Algunas veces alguien se para y pregunta por ti, pero no tarda en abandonarte si ve que vuelves a caer de nuevo. Porque le retrasas, porque se tiene que preocupar por ti, porque quizá tú caes más que él o porque, simplemente, sólo sabe cuidar de sí mismo.

Pero hay veces en las que te encuentras personas que se detienen y te tienden la mano para que te levantes.
Hay veces que encuentras personas que se paran y dejan por un instante de seguir su camino en busca de sus sueños y sus ambiciones y te preguntan si te has hecho daño.

Hay personas que, cuando te caes, no solo te tienden la mano, te ayudan a levantarte y ver si te has hecho daño, sino que también te invitan a seguir tu camino con ellos. Y cuando ven que vas a chocar con la misma piedra, el mismo error, te apartan. Te apartan de lo malo porque también es malo para ellos. Te ayudan a cambiar, a escoger otro camino en el que no haya de esas piedras en las que has caído tantas veces.

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