La realidad es cruel. A menudo pienso que estamos hechos expresamente para hacer daño. ¿Por qué nuestro cuerpo no nos permite sentir el dolor ajeno? Nos quejamos constantemente, pensando que nuestros problemas son los más graves del mundo. Pero somos unos ignorantes. Y además ególatras. Creemos que nuestra especie se diferencia considerablemente de los animales, pero no sucede así en absoluto. Es más, la inteligencia nos convierte en la especie más desarrollada, y a la vez, la más estúpida y peligrosa. Las leyes de la naturaleza no son distintas para nosotros. Luchamos por sobrevivir, sin que nos importe a quién aplastar para ello. Incluso a veces pisamos al más débil por el simple placer de sentirnos superiores. Es ridículo y patético. Pero así somos. Patéticos. La inteligencia nos permite encontrar las formas más crueles y astutas de sobresalir en nuestro entorno. Es por eso por lo que nos convierte en idiotas. Podríamos utilizarla para otros fines, pero ni siquiera sabemos lo que es correcto, lo que está bien. Quizá sea yo la estúpida y lo inteligente y realmente rentable sea ser malvado. Quizá ese sea el medio de vida para el que el ser humano está destinado. Quizá la gente generosa es la que no hace buen uso de su inteligencia. Quizá, en unos años, sea admirado quien sea capaz de hacer más daño a los demás en lugar de quien se vuelque en ellos. Tal vez y solo tal vez, bondad e inteligencia no sean compatibles.

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